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Coronavirus en Argentina: el bombero voluntario que coordinó el cruce de 6.000 turistas por la frontera

Los bomberos voluntarios de Puerto Iguazú fueron un engranaje fundamental de la logística que se montó en el centro de frontera del puente internacional “Tancredo Neves” para atender a los miles de turistas que en medio de la pandemia de coronavirus​ intentaban volver a sus hogares. El silencioso trabajo hoy se ve reflejado en los mensajes de agradecimiento que no cesan de llegar a sus celulares y redes sociales.

Javier Bareiro (40) es el encargado de conducir el cuartel y se puso al frente del operativo de evacuación. Hubo días en que pisó su casa unas pocas horas para poder cambiarse de ropa y dormir menos de lo recomendado. Pero las urgencias eran otras y la vocación de servicio podía más que el agotamiento

“A nosotros nos convocó Defensa Civil para asistir a los viajeros con agua, refrigerios y conseguir algún lugar donde la gente pudiera parar mientras veía la forma de continuar viaje. La situación todavía no era muy compleja porque no se habían cancelado todos los vuelos desde el exterior”, recordó Bareiro.
La tranquilidad duró muy poco porque el jueves 19 de marzo el número de turistas que intentaba retornar al país vía Iguazú creció notablemente y entonces los bomberos tuvieron un rol protagónico. Para ese entonces, un equipo de médicos, enfermeros y agentes sanitarios tomaban la temperatura de los pasajeros y armaban una declaración jurada antes de autorizarlos a seguir viaje. “Como se juntaba mucha gente, pusimos a disposición un colectivo que compramos a Málaga el año pasado, una combi y otro micro. La idea era que la gente no entrara en la ciudad y pudiera llegar lo antes posible a su casa para aislarse”, contó Bareiro.

El jefe de los bomberos se mostró orgulloso porque “trabajamos muy bien con Gendarmería, Migraciones, Aduanas… y el Gobierno de Misiones no proveyó en todo momento alcohol en gel, guantes y barbijos, incluso para todas las personas que ingresaban al país”.
“En una semana atendimos a más de 6.000 personas. Todas consiguieron la forma de seguir viaje, ya sea en avión o en ómnibus. La Provincia puso algunos colectivos, pero en general la gente no tenía problemas de dinero y pagaba sus pasajes”, agregó.
“Para hacer este trabajo seleccioné a diez bomberos. Los más jóvenes y con la personalidad necesaria para poder afrontar una situación así. Además, queríamos que la menor cantidad posible de gente estuviera en contacto con los turistas por un posible contagio”, admitió.

En uno de los traslados, los bomberos tuvieron un duro cruce con agentes de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, que se oponían a recibir a un grupo de turistas que debía esperar varias horas para abordar su vuelo. “Querían que los llevemos de vuelta al puente, pero finalmente nos impusimos”, aseguró Bareiro.
“La misma gente se organizaba y nos ayudaba agrupándose según su destino. Eso facilitó mucho nuestro trabajo. Cuando despachábamos un contingente en un micro, se les tomaba la temperatura de nuevo y luego Gendarmería sellaba la puerta para evitar que alguno bajara en el camino. La idea era que llegaran rápido a destino e iniciaran el aislamiento”.

Algunas personas tuvieron que pasar la noche en el centro de frontera. “Los varones dormían en una carpa del Ejército y las mujeres, en un salón climatizado. Los colchones estaban recubiertos de film y cada día eran desinfectados por el Ejército”, dijo el jefe de los bomberos.
Bareiro contó que “algunos turistas nos contaban que habían perdido tres vuelos. Una pareja tuvo que alquilar un auto en Río de Janeiro y manejar toda la noche para poder llegar hasta la frontera. Me decían: ‘Ya perdí esa plata, pero pude volver’”.
“En esos días tuve que hacer de todo, incluso ir a comprar remedios para un hombre que era hipertenso y para otro que tenía otra patología”, recordó. Pero hubo otros logros no menos importantes: “Una francesa y un polaco que estaban en Argentina desde hacía 25 días y no los dejaban ir a Foz para tomar un vuelo. Hicimos gestiones durante horas y conseguimos que cruzaran. Dos días después me escribieron desde Europa para agradecerme”.
Sin embargo, también tuvo que lidiar con gente enojada. “Un hombre que viajaba con su esposa embarazada y una nena de tres años estaba muy molesto porque hacía dos días habia iniciado sus vacaciones y tuvo que retornar. Y un médico que decía que todo eso del coronavirus era una boludez”, recordó Javier, ya más tranquilo y con la satisfacción de haber cumplido con su deber junto a sus hombres.
La evacuación de los turistas se complicó cuando la Municipalidad bloqueó el acceso al puente. “Seguimos llevando gente. Muchos lloraban al pisar de nuevo suelo argentino. Además de hacer la logística teníamos que contenerlos. Fue una situación muy compleja”, insistió Bareiro, ahora ya reintegrado a la atención de su comercio.

(Fuente: Clarín)

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